Es un secreto a voces. Las policías municipales de la Zona Metropolitana de Guadalajara están infiltradas por la delincuencia organizada. Los descuidos, la falta de oportunidad y crecimiento, malos sueldos, el amiguismo por ocupar puestos, son parte de las causas que provocan que un policía renuncie a la lealtad y sea tentado por otros intereses.

Tlaquepaque era una bomba de tiempo, la presidenta municipal, María Elena Limón lo sabía, los alcaldes metropolitanos lo sabían. Por su puesto, y sino al menos lo imaginaban.

Ahora la alcaldesa en un aire de independencia asegura que fue violada su autonomía. Que no le avisaron, que su policía está limpia y defendió a todos por igual. Lo curioso es que mientras la ola de violencia impera en su municipio, pidió a grito la presencia de la policía estatal y su fuerza única, el apoyo de las autoridades estatales.

Luego, en un hecho por demás simpático, exigió que en tres días le informen que policías están vinculados a la delincuencia, pero ella en dos años y pico no pudo poner orden en la seguridad de su municipio. Basta con ver la cantidad de muertos, ejecutados, levantados, mutilados, solo por señalar algunos casos.

Incongruencia le llaman algunos, incapacidad le digo yo.